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Están son las palabras de Jesús Ángel Suárez, que representará a Cristo el 14 de Abril, su día "D". Ángel es natural de Cerdigo y concedió una entrevista a El Diario Montañés, de la cual hemos extraído parte. -¿Duelen los latigazos?
-Durante los ensayos de algunas escenas, como el Encuentro con las Marías, llego a recibir hasta 50, y hay veces que acabo con la espalda morada. Pero el 'Día D' será como disputar una final de fútbol, estaré más motivado y será lo que menos daño me haga.
-¿Por devoción o por tradición? -Por ninguna de las dos y por un poco de ambas. Tal vez sea por una promesa... Ha sido un cúmulo de circunstancias que me han llevado a esta situación. -¿Es su personaje el más deseado por los castreños? -Quizás por el protagonismo, puede ser, pero creo que es un personaje igual de importante que el de uno de los leprosos. Lo que importa es todo el montaje, que dura cuatro horas, como la película Ben-Hur. Sobresale, claro, porque sabemos todo de Jesús, cuando de muchos otros personajes nadie se acuerda. -¿Le inspira algún actor? -Rotundamente no. Tengo mi propia personalidad, lo que salga de mí será lo verdadero. Si sale mejor o peor que otras veces el tiempo lo dirá. Pero lo que pretendo es que salga mi espontaneidad, mi auténtica personalidad. -¿Es el clima el principal enemigo de La Pasión Viviente? -Es un handicap importantísimo. Ese día será la cima de un iceberg, y por debajo habrá muchísimo trabajo y sacrificio de muchas personas durante un año entero. Y si el tiempo no acompaña... -¿Se siente testigo de la consolidación de una larga tradición? -Por el empeño de la gente sí veo que a esta tradición le queda mucho tiempo. Pero en un mundo en el que todo se basa en el dinero, sinceramente, sin ninguna ayuda de organismos, la Pasión Viviente subsiste por aportaciones de pequeños comerciantes, personas anónimas... Esto cuesta mucho dinero, son cientos de trajes, decorados... Para que se consolide todos debemos aportar nuestro grano de arena, hay que tener en cuenta que es una escenificación de gran interés cultural a la que acuden cada año miles de personas, y nos hace falta más apoyo. -¿Qué ambiente se vive en los ensayos? -Empezamos a ensayar después de Reyes, porque la asociación también organiza antes el Belén Viviente. Somos muchos y es difícil la convivencia, pero nos llevamos bastante bien. Es una familia grande y debemos estar bien avenidos. La causa merece la pena. -Trabajo, ensayos... ¿Le queda tiempo? -Poco, muy poco. Esto te quita tiempo familiar, también, pero es algo que has decidido. Los días se te hacen cortos, el tiempo no alcanza. Porque es todo muy complicado, lleva un trabajo impresionante, los montajes, las grabaciones, acoplar las músicas, los diálogos... Espero que cuando vengan a ver las cuatro horas de escenificación se note que antes hemos estado 700 horas trabajando. -¿Teme sucumbir al terror escénico? -Personalmente, no. Hablé con algún Cristo anterior y me dicen que te metes tanto en el papel, en tu escena, que no hay ni miedo escénico ni nervios. -En su vida, ¿improvisa o sigue su guión? -Procuro llevar un control, si no sería un desastre. Pero dentro de ese control me permito ciertas libertades, espontanear un poco. Por mi trabajo tengo un camino marcado, pero siempre es bueno salirse un poco de la rutina. -Pecados confesables. -No tengo ningún pecado, al menos importante. -¿Quién merece hoy el título de Maligno? -Todos aquellos que en nombre de la religión entran en conflictos y provocan guerras. Como Bush, un personaje impresentable que hoy es el mayor de los terroristas. Personas así, que pretenden dominar el mundo, simplemente me repugnan. Olvidan que ninguna religión impone las armas, que todas predican la paz y la unidad. Pero luego surgen éstos, que se dicen enviados de Dios... -¿Y de santo? -Un santo es el humilde, que cada día lucha por sacar a su familia adelante, que ayuda a los demás e intenta hacer el bien. Esos son más santos que ninguno, aunque no estén reconocidos por la Iglesia. -¿Abundan los Judas? -Demasiado. Hay mucho traidor a sus ideas, gente que se traiciona a sí misma y a los demás. Si fuéramos más honestos el mundo sería mucho mejor. -¿Qué le pide al Padre? -Pediría al Jefe, como yo le llamo, que nos abra los ojos a todos, nos dé conciencia de lo que estamos haciendo en este mundo, que dejemos a un lado la soberbia y veamos que estamos destruyendo el planeta a pasos agigantados. -¿Qué recompensa espera recibir tras su calvario? -Ninguna. Bueno, quizá la única que desearía es sentir en mi interior que mi madre, fallecida hace poco, me ha visto. -¿A quién invitaría a su última cena? -Sería en una mesa muy grande, con todos los que nunca pueden cenar en familia y viven en la calle. Esa mesa gigantesca sería mi cena. -¿Cuál es su cruz? -Quizás querría ser más comprendido.
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