 Momento drámatico: flagelación Este año se ha celebrado la vigesimosegunda edición. El casco antiguo se llenó de color y de escenas emotivas. Más de 15.000 personas asistieron como público a la vigesimosegunda Pasión Viviente de Castro Urdiales, una edición en la que 620 componentes de la asociación promotora del espectáculo dieron vida a los duros y últimos momentos de la vida de Jesucristo.
Desde la última cena hasta la Resurrección, pasando por su calvario interno y externo. Su debate entre el lado humano y el divino fue bellamente plasmado sobre el magnífico escenario empedrado del conjunto histórico artístico monumental, del paseo entre el Ayuntamiento, el casco antiguo, y la Atalaya castreña. La buena temperatura acompañó a la jornada, y los espectadores siguieron interesados y pacientes las más de cuatro horas de escenificación.
La cita cultural dejó buen sabor de boca a los asistentes, excepto, casi con seguridad, a las más de 20 personas que sufrieron lipotimias debidas a las altas temperaturas que acompañaron al acto central de la Semana Santa en Castro Urdiales. Antes de la diez de la mañana, hora de comienzo, la explanada de Santa María donde se celebran los primeros episodios, estaba llena de gente. Después, el interior de la iglesia de Santa María y los aledaños del castillo-faro de Santa Ana congregaron a miles de espectadores. Especial capítulo para el humor fue el juicio de Herodes que estrenó diálogo. Los latigazos los recibió Jesús Ángel Suárez, que interpretó en esta edición a Cristo, atado a un miliario fabricado por los miembros de La Pasión. El de otros años, el de verdad, está rehabilitado en el interior del castillo-faro. La espalda del castreño que prestó su cuerpo a Jesucristo estaba amoratada y ensangrentada, mientras algunos de los que veían por primera vez la representación se asombraban de la dureza de la escena y se preguntaban qué lleva a alguien a dejarse azotar así.  El grupo de leprosos marginados dentro de escena Horas álgidas Ya en el paseo del Ayuntamiento, las tres caídas de Cristo y el encuentro con Magdalena, María y Verónica fueron muy seguidas. Las últimas escenas de crucifixión, muerte, descendimiento y resurrección de Jesús, en la Atalaya, fueron muy admiradas por la credibilidad de los participantes. José Ramón Arozamena, responsable de Asociación Cultural Pasión Viviente que organiza los actos, aseguró que todo había salido perfecto. «Dos de los miembros de la sociedad se han desmayado, pero ha sido debido al calor. Estamos satisfechos con el resultado», comentaba tras cerrase el acto. Mareos 'devocionales' Más de un centenar de personas de Protección Civil, Cruz Roja DYA, Policía Local y Guardia civil compusieron el operativo de seguridad en la Pasión del viernes. Los efectivos 'pululaban' por los cuatro kilómetros del recorrido y estaban coordinados por el jefe de Protección Civil, Javier López. Debido a las altas temperaturas se atendieron 21 lipotimias, mareos y desmayos, muchos de ellos en la Atalaya castreña. Algunos fueron por falta de líquidos y algunos devocionales, debido a la impresión de las escenas más intensas: el fin de la vida de Jesús. Dieciséis de las personas con lipotimias precisaron ser evacuados, en camilla, hasta los puestos médicos. Finalizada la Pasión, el principal protagonista, Jesús, requería cuidados en su espalda. También los 'ladrones' que compartieron crucifixión con el hijo de Dios necesitaron que curasen sus heridas en espalda y rodillas. El realismo de la crucifixión es dificilmente superable Jóvenes espectadores Entre los miles de espectadores de La Pasión castreña había ojos de todo tipo, los que creían y los que no. Agnósticos, ateos, religiuosas, niños privilegiados en los hombros de su padre, otros pequeños muy aburridos, y muchos jóvenes. Entre los comentarios de éstos últimos se notaba la afición a la nueva literatura. El código Da Vinci, los misterios de las iglesias góticas, el santo grial, el Temple, el evangelio prohibido de Judas, o la vida oculta de Jesús, temas variopintos tan de moda que han atraído una nueva cantera de seguidores de la Pasión. Una miscelánea de razas, de credos, de modos de pensar, compartiendo un día de ocio y cultura en la ya cada vez más consagrada pasión viviente. Hay que recordar que la Pasión Viviente cuajó por la iniciativa del padre Luis Campuzano, que la puso en marcha en el año 1984. FUENTE: EL DIARIO MONTAÑES - N. FALAGAN
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